Artículos

REFLEXIONES SOBRE COVID-19

Silvia Pérez Muñoz

REFLEXIONES EN TIEMPOS DE PANDEMIA

El confinamiento en el que estuvimos inmersos durante al menos 4 meses me llevó a hacer muchas reflexiones de la mano de mis pacientes, de los que tanto aprendo.

Un confinamiento real como éste, lleva a suscitarnos preguntas, tales como si realmente vivíamos tan libres como creíamos o si ya vivíamos confinados. ¿Qué confina y atrapa al ser humano?, ¿cuáles son las cárceles privadas de cada uno? Con mis pacientes descubrí muchas de estas cárceles, despertando en ellos una mayor necesidad de abandonarlas. Un superyó dañino, destructivo, excesivamente exigente, puede ser un buen carcelero del yo, yo que clama por salir a la vida, cuando es otro, en este caso real y externo (como representante de ese superyó dañino) el que esta vez, de forma abrupta, le encierra.

Otras veces el miedo a vivir, a exponerse, a lidiar con los avatares de la vida, los conflictos, los problemas… ha hecho vivir el confinamiento como si de un refugio se tratara. En mi experiencia clínica, algunos pacientes encontraron en esto un salvoconducto para seguir con sus defensas. Ahora podían seguir con sus inhibiciones, no teniendo que exponerse a situaciones sociales ni teniendo que decidir entre distintas opciones, puesto que papá Estado les decía exactamente qué debían hacer, no estando mal visto el aplazar para otro momento determinadas acciones o decisiones. Nadie parecía ya un fóbico social por no salir, o un agorafóbico, inhibido, o un adulto en estado latente… sino que quedarse en casa, no exponiéndose a la vida, era en este caso cumplir con su responsabilidad como ciudadano.

También en otros casos, para personas llenas de exigencias sociales, presiones profesionales e ideales inalcanzables fue un alivio el poder quedarse en casa a dedicar su tiempo a esas otras cosas ¿menos productivas? como cuidar de sus hijos, volver a cocinar, a leer, a pensar o simplemente a estar. Un estar que vuelve a enfrentarnos a aceptar el devenir, renunciando a tenerlo todo absolutamente controlado. En un tiempo en que todo está “reservado”, anticipado… queda poco espacio para la espontaneidad, lo imprevisto. Nos cuesta mucho trabajo tolerar la incertidumbre y aceptar todas nuestras vulnerabilidades.

Aun así, en este tiempo convulso en el que todos hemos tenido que modificar nuestra forma de funcionar en nuestros trabajos, hemos podido observar que hay distancias que también pueden acercar, al ayudar a ver y valorar todo lo que antes se daba por hecho.

 ¿Qué ha ocurrido en el vínculo terapeuta-paciente en este tiempo de pandemia? Ahora, más que nunca, la realidad nos ha atravesado a ambos. A pesar de la asimetría de la relación, terapeuta y paciente nos hemos visto inmersos en una misma realidad, siendo ambos componentes del dúo vulnerables, sin inmunidad ante la situación.

Los avances tecnológicos nos han permitido seguir acompañando a nuestros pacientes en este tiempo tan lleno de incertidumbres, ofreciéndoles la posibilidad de que existiera algo que permanecía a pesar de una realidad tan cambiante, algo a lo que poder agarrarse como si de un espacio transicional o una “línea de vida”, concepto propio del mundo de la construcción, se tratara. Se llama Línea de vida a ese cable de acero al que se agarran los obreros en zonas peligrosas de la construcción donde existe el riesgo de caer al vacío. Y en esta ocasión el estar en red sirvió como una red psíquica que evitaba caer al vacío y mantener lo que permanece en el cambio. Y ésa ha sido mi sensación cuando, antes de la pandemia, utilicé la terapia on-line cuando algunos de mis pacientes en este mundo de la globalización, trabajaban hoy en USA, mañana en Londres, etc. etc., de hotel a hotel, en un mundo impersonal, cambiante, en el que la pantalla les permitía reunirse conmigo, retomando su espacio psíquico en el que seguir pensando y recobrar su continuidad.

Tuvimos que adaptarnos a una nueva modalidad de relación, vía on-line. Los silencios eran más difíciles de llevar, necesitándose más que nunca una constatación de que el otro estaba ahí, de que no había caído la red, de que el terapeuta seguía estando disponible psíquicamente, en un momento de tantas ausencias, de tantas pérdidas… Y más aún, cuando el encuentro era por teléfono, sin imagen, como solía ser habitual en el caso de los pacientes de diván.

La pantalla se volvía, en algunos casos, una presencia demasiado invasiva para sostener el silencio. La imagen, demasiado atrapante como para favorecer la asociación libre y la profundización. El material se movía muchas veces demasiado del lado del consciente, donde el trabajo terapéutico tenía que concentrarse la mayoría de las veces en la contención de la angustia.

En otros casos, me veía compensando, de algún modo, la ausencia de presencia física. Como si paciente y terapeuta tuviéramos el deseo de atravesar tantas distancias… como en aquella famosa fantasía de los niños de meterse en los cuadros, pero poco a poco nos fuimos adaptando. Y descubrimos juntos que, a pesar de echar de menos el olor, la temperatura y el espacio de intimidad que aportaba la consulta, la escucha y la mirada creaban ese marco envolvente que generaba la posibilidad de un encuentro psíquico. Incluso en algunos casos esa mayor distancia jugó a favor, permitiendo profundizar en algunos aspectos difíciles de hablar en la proximidad del cuerpo a cuerpo. De ahí que diga que hay distancias que acercan, porque ese tiempo permitió que se levantaran algunas barreras, para retomar luego el encuentro presencial habiendo atravesado un escollo…

Pero también hubo renuncias que hacer, indudablemente, la presencia del cuerpo en la consulta con su movimiento o su quietud, su aspecto, su postura, su olor… nos da mucha información que perdemos vía on-line. No podemos sentir a nuestros pacientes y eso nos exige tener una atención ¿menos flotante?, ¿más focalizada? La realidad, aun con su resonancia interna, ocupó mayoritariamente la sesión, sobre todo al inicio del confinamiento. La angustia sobrevenida ante la incertidumbre, el miedo ante la falta de proyectos viables o aplazados hasta nueva Orden, generaba una gran desolación, demandando de nosotros, en muchos momentos, no sólo un papel continente sino también más activo, sustituyendo nuestra falta de presencia por una mayor confirmación de nuestro acompañamiento psíquico.

Por otro lado, ¿cómo podríamos ayudar a nuestros pacientes a tolerar la realidad, a aceptarla y adaptarse a ella si no fuéramos nosotros capaces de hacerlo? Los psicoanalistas y psicoterapeutas no podemos quedarnos agarrados a la frase “cualquier tiempo pasado fue mejor”, sino aceptar que la sociedad y nuestros pacientes han cambiado y también debe hacerlo nuestra forma de trabajar sin renunciar a la sabiduría del pasado. Debemos ser creativos y flexibles y utilizar esta situación para pensar, como en cualquier crisis, qué hemos perdido y si esto, al decir de Bion, puede conducirnos a un cambio catastrófico.

¿Y el reencuentro?, ¿la vuelta a las consultas?, ¿qué ha representado para nosotros y para nuestros pacientes? En los medios, se habló del “síndrome de la cueva”, del miedo a salir del refugio, del rechazo inicial a salir del confinamiento… Salir ahí afuera, volver a la inseguridad, a los miedos se nos volvió difícil a todos; a la vida y su evidencia de los cambios, dando cuenta de una realidad que se nos volvió ajena al principio.

Pero, atravesados estos miedos, también nos reencontramos con la vida, la nueva forma de encontrarnos en el afuera y en nuestras consultas, haciendo ajustes de encuadre y utilizando el recurso on-line como una vía que vino para quedarse. Aunque nada podrá reemplazar suficientemente el calor del encuentro, de la cercanía del cuerpo a cuerpo. Y, en ese sentido, terapeutas y pacientes nos alegramos con toda sinceridad de volver a encontrarnos, pese a las mascarillas y la nueva realidad que tampoco sabemos si habrá venido para quedarse, aunque sea sólo en parte.

Silvia Pérez Muñoz (AMPP)

Lecturas

Últimos artículos

Covid-19. Odio o ternura. Envidia o gratitud.

Antonio de la Plata Caballero COVID 19. ODIO O TERNURA. ENVIDIA O GRATITUD. Esta pequeña reflexión la escribí en mayo de 2020, justo cuando bajaba la que luego se ha llamado primera ola de la Pandemia. Han pasado 9 meses (febrero 2021), y estamos inmersos en la...

¿Tenemos algún papel que jugar en esta pandemia del Covid-19?

Valentín Rodríguez-Melón ¿TENEMOS ALGÚN PAPEL QUE JUGAR ANTE ESTA PANDEMIA DEL COVID-19? Hace ya mucho tiempo que ocurrió, pero aún mantengo el recuerdo de una clase de Bachillerato, en aquél tan vetusto como entrañable edificio neoclásico del Instituto Padre Isla de...

Reflexiones sobre Covid-19 y Encuadre

Felicidad González Suárez REFLEXIONES SOBRE COVID-19 y ENCUADRE Llega la pandemia provocada por la aparición de un virus que se propaga a nivel mundial y esto supone un gran impacto y un gran desconcierto en primer lugar a nivel personal encontrándonos de pronto en...